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martes, 18 de octubre de 2016

Mírame



"Me preguntas cómo estoy mientras intentas esconder las ventanas de tu corazón inundado de lágrimas.

Sabes que no puedes engañarme cuando me miras de frente.
Tus ojos son incapaces de esconder lo que el corazón siente. 
¡Qué más quisiera yo que poder expresar con palabras lo que siento!
Querría contarte mis miedos e inquietudes. 
Querría comunicarme como lo hacía antes. 
Pero esta cárcel en la que se ha convertido mi cuerpo no me deja emitir nada más que sonidos que tú ya has aprendido a interpretar igual que sabes entenderme sólo con mi mirada. 
Mírame. 
No dejes de mirarme aunque tus balcones sean incapaces de retener las lágrimas.
Mírame y lloremos juntos hasta terminar riendo en un diluvio de besos y abrazos."






Seal. Kiss from a rose.

sábado, 20 de febrero de 2016

La mirada


Hablaba yo con mi profesor de historia, al que he reencontrado hace poco gracias a su hija,  sobre la palabra y meditaba sobre sus reflexiones  cuando me di cuenta de que igualmente importante es la mirada.
Escuchar y conversar es difícil pero mirar a los ojos de otro ni te cuento.
Qué pocas veces miramos en los ojos de los demás.
Los ojos son el espejo del alma.
Nos muestran cómo son los demás pero también muestran sin maquillajes ni máscaras cómo somos nosotros .

Es muy difícil, por no decir imposible, esconder a los ojos de los demás nuestras fortalezas, debilidades, miedos o alegrías.

Es difícil mantener la mirada de alguien que sufre y te mira de frente buscando consuelo. Cuando eres capaz de hacerlo tu escudo protector de cae de golpe, y te quedas desnudo.
Pero aquí estoy yo cogiendo tu rostro para mirarme en tus ojos. Llenos de ternura,  miedo, lágrimas, amor, incertidumbre, rabia, agradecimiento....
Aquí estoy para aguantarte la mirada, quererte, acompañarte en tus temores,  ilusiones,  alegrías o desvelos.
A ver quien es el guapo que lo iguala.
Hay que ser muy valiente. Y fuerte de espíritu.


Better man. Robbie Williams






martes, 8 de diciembre de 2015

La importancia de lo cotidiano

Sin darnos cuenta, se acerca la Navidad y se acaba el 2015.
En estos días previos, la mayoría se concentra en comprar regalos y preparar comilonas centrándose sólo en el consumismo. Sin embargo muchos vivimos realmente su esencia y aprovechamos para hacer recuento del año que termina.
El 2015 no ha sido un buen año para nuestra familia.

Aunque acabamos el 2014 con una gran ilusión y muchos motivos para dar gracias, el 2015 escondía muchas pruebas de fuego para nosotros.
La ELA estaba esperando agazapada, para sorprendernos en una esquina del camino en el mes de mayo. Y de golpe, todos esos momentos cotidianos cobran protagonismo en nuestro día. Bien para valorarlos, bien para darnos cuenta de tantos detalles que  nos hacen autónomos o nos convierten en dependientes.
Y es entonces cuando descubres que la vida no sólo se compone de momentos para la risa ni de felicidad. También hay que saber convivir con la pena y la tristeza.
Las dificultades a las que nos enfrentamos y los pacientes en su vivencia de la enfermedad son los que más nos enseñan, precisamente, cómo es la vida y cómo hay que vivirla. Mi padre como paciente y mi madre como cuidadora, me están enseñando mucho a lo largo de estos meses en los que voy paseando, sin parar, de una a otra fase del duelo de Kübbler-Ross (negociación, ira, negación, aceptación, tristeza).
Me han enseñado que, a pesar de las dificultades se puede ser feliz, disfrutando de los pequeños detalles cotidianos, compartiendo lágrimas, miedos y rebeldías. Un abrazo, llorar o reír juntos, un beso con el corazón, una partida de cartas, restaurar un mueble viejo, montar una estantería, cortar arizónicas, aprender un plato nuevo, tomar un refresco disfrutando de la impresionante vista desde el Parador de Toledo, el chocolate con churros de los jueves en los que compartimos risas con quien no nos deja caer, recordar buenos momentos en familia, echarse unas risas con los amigos, sintiendo el cariño de lo que nos dan la mano cuando sentimos que nos caemos, una mirada que encierra todo sin necesidad de articular palabras, contemplar una puesta de sol, contar estrellas fugaces, sentir la lluvia en el rostro, escuchar el mar, entregar nuestro esfuerzo para cuidar al que lo necesita, estar atento a la lágrima silenciosa del que sufre, …..tantos y tantos momentos únicos y especiales que perdemos en la vorágine del día a día, en lo cotidiano y en lo que no tiene realmente tanto valor aunque se compre con la tarjeta visa.
Cualquier momento es bueno para ser feliz y disfrutar de la vida que nos queda por vivir. 

Sólo hay que abrir los ojos y saber contemplarlo.
Gracias a todos los que formáis de esos pequeños detalles cotidianos que son los que realmente importan.




Will you be my shoulder when I´m grey and older?
High. James Blunt

martes, 29 de septiembre de 2015

Al final, lo que importa, es la vida que no has malgastado

Cuando te enfrentas a una enfermedad que, hagas lo que hagas, sigue su camino inexorable, te das cuenta de lo verdaderamente valiosa que es la vida y la salud.
Muchas veces perdemos  tiempo y esfuerzo en batallas que no merecen la pena en nuestra vida cotidiana sin darnos cuenta de que al final, lo que importa realmente, es la vida que no has malgastado. El tiempo y las risas que compartimos con la familia y los amigos, los abrazos y los besos que regalamos, el tiempo que dedicamos a hacer el día más agradable a los demás.
Por todo eso, no quiero perder mi un minuto de mi tiempo sin vivir la vida con intensidad, te daré todos los abrazos y todos los besos que no te había dado en todos mis años de existencia. No dejaré de decirte todo lo que te quiero y que estaré a tu lado en lo bueno y en lo malo.
No perderé un minuto buscando el entendimiento con aquellos que no quieren escuchar ni razonar porque sólo tienen tiempo y ojos para sus propios ombligos.
Creo que te lo debo. Es tu legado.


 


Feeling God. Muse. 7 Pounds

viernes, 24 de abril de 2015

Hijos

El mayor regalo que podemos tener en esta vida es un hijo.
Pero es un regalo con truco.
No viene con manual de instrucciones como el móvil o el IPad.
Muchas veces se asocia la maternidad al hecho de hacerse un test y que de positivo.
Pero en cuanto empiezan las primeras molestias deja de ser una vivencia agradable.
¿Quién dijo que ser padre o madre estuviera exento de problemas?
El embarazo y el parto no son más que el comienzo del fin de  nuestro estado de bienestar.
Se acabó dormir 8 horas, ver tranquilamente una película, disfrutar de una conversación con tu marido, comer sin discutir sobre lo que es bueno para ellos y lo que ellos prefieren, ir al cine a ver "pelis de mayores". Bienvenido sea acostarse por la noche acariciando la mano de tu hijo, levantarse por la mañana en el borde de la cama a punto de caer porque de pronto somos tres y ya va quedándose pequeña, ir al cine a ver Doraemon o Harry Potter.
A pesar de todos los inconvenientes la paternidad es la experiencia más increíble y gratificante que se puede vivir.
Pero requiere muchísima responsabilidad.
Yo, cada día me rebano los sesos para intentar dar a mis hijos una visión optimista del mundo. Para que ellos sean, cada día, un poquito mejores personas. Para que pongan a mal tiempo buena cara. Para que estén siempre pendientes de aquel que pueda necesitar un poco de ayuda. Para que sepan agradecer cada día el regalo de tener una casa, un hogar, un plato de comida, un colegio donde aprender, amigos con los que disfrutar, una familia que les quiere y les apoya en sus decisiones. Para que sepan tomar sus propias decisiones de forma libre y responsable. Para que sean capaces de manifestar sus preferencias sin dejarse manipular y sin imponer su voluntad.

Como decía aquel....construir personas.





martes, 17 de marzo de 2015

la muerte no es una quimera

Por mi trabajo estoy en contacto estrecho con la vida, la muerte y el sufrimiento.
Ya llevo unos cuantos años a golpe de fonendo y por mi consulta han pasado montones de personas de todas las edades, culturas y credos, por lo que puedo decir, creo que con buen criterio, que sobrevivir a un hijo es una de las experiencias más duras que puede vivir el ser humano.
En el mar de colores que es la consulta del médico de familia, a veces comparto momentos alegres como la llegada a este mundo de un nuevo hijo o tristes por la desesperación de aquellos que no pueden ser padres mientras otros deciden voluntariamente y sin el menor reparo acabar en un momento con esa vida que comienza a gestarse alegando, simplemente, que ahora no me viene bien, o por la vivencia de enfermedades crónicas invalidantes o incurables.

En este mundo de contrastes, esta semana predomina el gris porque la balanza que equilibra los momentos de vida y los momentos de muerte de mi día a día se ha inclinado hacia la muerte.
Y entre paciente y paciente, el médico de familia tiene que intentar recomponerse para partir de cero. En tiempo récord, con una cadencia de cinco minutos que es lo que dice mi agenda que tiene cada paciente para ser atendido. Porque cada nombre en tu agenda necesita de tu mejor sonrisa y de tu mejor predisposición para atender sus problemas.
Pero que me diga alguien cuál es la fórmula para poder pasar página cuando a las cuatro de la tarde sientes un estremecimiento mientras escuchas a una madre rota por el dolor porque la muerte irrumpió en escena, como tantas veces, de madrugada,  hace ya tres años para arrebatarle a su único hijo. Son de estos momentos que yo denomino "se paró el reloj". No hay reloj, no hay lista, no hay teléfonos, no hay pantalla del ordenador para cumplimentar los protocolos de la historia clínica. Sólo hay dos personas que conectan a través de la mirada y la palabra.
Porque sus ojos tristes, como sin vida, se llenan de lágrimas al recordarle. Y, aunque el motivo que la trae hoy a verme es otro, cuando se despide me suelta, de sopetón, sin anestesia que "Yo sé que la vida sigue, continúa hacia adelante sin él y sin darse cuenta de que yo me quede anclada en aquel momento.  Intento cada día vivir lo mejor que puedo. Sé que hay personas a mi alrededor que me quieren y me acompañan para que yo siga adelante. Pero, doctora, yo he muerto en vida. Y no hay cosa que ansíe más que me llegue el momento de la muerte para poder estar con él".
Y, en estos momentos "se paró el reloj" no puedes hacer nada más que acompañar y abrazar en el dolor.
Dijo Epicuro de Samos que la muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.

Esta madre no vive una quimera. Como bien dice ella, ha muerto en vida. Porque no se me ocurre tristeza más grande para una madre que enterrar a  un hijo.
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.


Mario Benedetti





miércoles, 11 de marzo de 2015

Descubriendo el Mindfulness: el cazador que persigue dos conejos no atrapa ninguno.


Si, ya lo sé.
El mindfulness no es nada nuevo, aunque he de reconocer que para mí, sí. No había oído hablar de él hasta que hace unas semanas una amiga del colegio me sugirió utilizarlo en el centro de salud para los pacientes. Así que, en cuanto tuve oportunidad, me decidí a buscar información al respecto. Y en esas estamos.

Según voy leyendo me voy dando cuenta de que, si lo piensas detenidamente, no nos dice nada nuevo. Al fin y al cabo es una técnica que utilizan los budistas desde hace ya unos cuantos cientos de años y es algo que de forma intuitiva hacen muchas personas: Tomar conciencia del momento presente.
El mindfulness se ha traducido al castellano como atención plena, que viene a ser una forma de decir estar concentrados en el aquí y en el ahora, con nuestros cinco sentidos, pero sin juzgar y con aceptación.
En una sociedad cada vez más acelerada y estresada, muchos de nuestros males se pueden resumir en que estamos "infoxicados". Saltamos de una tarea a otra, de una actividad a otra, sin prestar muchas veces atención a ninguna de ellas, generando frustración porque tenemos la sensación de no llegar a ningún sitio ni poder abarcar todas las tareas. Y lo que es peor, sin prestar atención a lo que sentimos ante las situaciones presentes, perdiendo el tiempo en lo vivido en el pasado o en o que tememos o creemos que nos deparará el futuro. 
Y si no, que levante la mano quien no ha vivido alguna de estas situaciones:
1. Comer sin masticar ni saborear el plato mientras mantenemos una reunión de trabajo o vemos la televisión.
2. Llegar al destino sin haber sido conscientes del trayecto en coche.
3. Juzgar las situaciones como buenas o malas y, en función de ello, aceptarlas o rechazarlas.
4. Olvidar o tirar cosas por descuido
5. Empezar una tarea y abandonarla a los pocos minutos para atender una llamada o para realizar otra tarea.
6. Oír sin escuchar lo que nos dicen
El concepto atención plena implica tomar conciencia del momento presente, sin juzgar y con aceptación.
Es muy frecuente en nuestra sociedad pasar de puntillas por el ahora distraídos por alguna situación pasada o ensoñaciones sobre el futuro.
El precursor del mindfulness, como medio para reducir el estrés, es John Kabat Zinn, que fundó en 1979 el Centro de midfulness en Masachussets  y desarrolló un programa de reduccion de estrés basado en la conciencia plena (conocido como MSBR, Mindfulness based stress reduction) en 8 semanas.
Hay estudios neurobiológicos que demuestran que un elevado nivel de atención se correlaciona con niveles bajos de neuroticismo, alexitimia, ansiedad, depresión y somatización y elevada inteligencia emocional así como baja hostilidad, impulsividad y vulnerabilidad a la aparición de enfermedades psiquiátricas.
Además, se sabe que las personas con tendencia a la depresión tienen predominancia en la actividad neuronal de la región prefontal derecha del cerebro mientras que las personas con mayor capacidad para regular sus emociones tienen más activada la izquierda. Estos estudios han descubierto que tras ocho semanas de meditación regular, empieza a desarrollarse más el lado izquierdo y que los meditadores tienen mayor densidad neuronal,  mayor capacidad para procesar la información y niveles de estrés y ansiedad bajos y que el estado de atención plena nos permite ser más creativos y empáticos.
La atención plena ayuda a aumentar la concentración, a disminuir automatismos, a frenar la impulsividad, a aceptar la realidad tal y como es y a disfrutar del presente, a disminuir la ansiedad y  a fomentar el autoconocimiento
El mindfulness también se ha aplicado en el ámbito de la medicina y hay muchos estudios que avalan su eficacia en el tratamiento de pacientes con fibromialgia, trastornos obsesivos compulsivos, trastorno depresivo, trastorno de ansiedad generalizada, adicciones, dolor crónico y en el abordaje del burnout en profesionales sanitarios (Evaluación de la efectividad de un programa de mindfulness en profesionales de atención primaria)
Además, se están desarrollando algunos proyectos en el ámbito de la pediatría ( Mindfulness en Pediatría: el proyecto “Creciendo con atención y consciencia plena” ) con el objetivo de aprender  a gestionar las capacidades de control sobre la  salud desde la atención y consciencia plena.
En el ámbito de la salud se han demostrado beneficios también en los profesionales sanitarios, mejorando la introspección y permitiendo desarrollar aspectos más humanistas y habilidades como el afrontamiento del estrés y la empatía puesto que el estar atento disminuye la tendencia a cargar con as emociones negativas de otros.
Se puede aplicar de forma individual o en grupo y, a diferencia de los tratamientos farmacológicos, su eficacia se mantiene durante más tiempo puesto que el individuo integra estas habilidades a su vida diaria.
El inconveniente principal es que se requiere el compromiso activo del paciente ya que, en palabras de Daniel Goleman, "La atención es un músculo que se debe entrenar” 

 Andy Puddicombe. Mindfulness 10 minutos
Seguiremos buceando.